Demasiado estrecho el punto mínimo donde logro tocarte. Quisiera además de acariciarte, deslizar las manos por el calor que produces cuando te ruborizas. Acariciar tu ombligo y percibir la manera en que tus músculos se tensan y tus órganos se comprimen cuando te arqueas.
Besarte la boca y rozarte con la boca los sueños, abrazarte en cualquier día en que hayas tenido miedo, hacerte reír cuando el pasado o mi ausencia te hubiesen encontrado triste.
Tu regazo, la punta de mis dedos, un olor a caliente y el viento que se cuida de soplar sin molestar. Un libro o un café. Una sonrisa que esboza la vida que se quiere recorrer, formando un mapa con los labios y el roce entre nuestros antebrazos.
Al fondo, tu piel dormida. Un detalle en alto contraste de mi boca feliz sobre tu espalda que canta. Natural, una hoja, un reguero de tinta que se desliza e intenta dibujarte.
Quisiera que una palabra que te diera fuera siempre una historia nueva que camina con las tuyas y se siente bien con tu voz de paisaje.
Mi rostro, mis manos, mi lugar en tu memoria. Anclarlos al día por venir, dejar que la marea de tus días los transforme, los cuide, los conforte. Deseo siempre un día con vos que sea la vida, un instante de silencio que nos inunde el aliento y el ruido del placer.
Partir entonces de ese espacio ligero, de esa punta de aguja y posarme en ti como un momentáneo accidente. Entrar en ti e inundarte, llenarte, nutrirte, despertarte. Que con algo de miedo me abras las puertas de tu soledad mientras yo con algo de sigilo dejo mis maletas con las tuyas y me leo invitado a pasar, en tus ojos.
Soy entonces un punto que juega a volverse las líneas de tus manos. Pienso en formar un agujero circular entre tus poros que logre ajustarse entre tus gestos, pasar a cenar, decir buenos días, buenas noches. Pretendo ser una pequeña herida, que cuides, sanes, que dejes cicatrizar sin dolor en tu piel y que se quede ahí a posarse en tu infinito.
Zurcir lo cóncavo a lo convexo, dejarte escoger el color del hilo, cambiar el día en que se fue más feliz. Así, cada vez, con cada parte, con cada punto, cada roce. No saber que día es de noche, que noche es de día. Saber solo que se superponen, se trazan, se siguen, se enlazan.
…Un diámetro mínimo donde concentro mis ganas, por donde me lanzo a buscarte el abismo, el fondo; un vector que se quiere quedar a intensificar y medir tu para siempre.