Somos una larga hilera de seres humanos desfilando por los confines del mundo, que son los mismos centros y núcleos, que son los extramuros y las avenidas principales. Somos puntos, pequeños pixeles y leves sobresaltos de la tierra.
Somos, por defecto, seres perdidos y sin particularidades evidentes.
Todo nace cuando nos detenemos, cuando encontramos cualquier cosa que pare estas largas caminatas que son los días. Ahí, somos únicos, cuando nos damos cuenta de nosotros mismos.
A veces también nos detenemos a volvernos otra vez irreconocibles y a borrar las marcas que han dejado las miradas, las manos, las pieles ajenas. La voz que nos ha hecho posibles y que de cuando en vez nos susurra.
Recuerdo una imagen pequeña en una pantalla de luz. Tu imagen en fotos y en videos, tus palabras dejándose mecer por las mías y las velocidades cósmicas del deseo que surgía en la distancia. Alguna vez, desnudos entre mis libros, quietos, conteniendo el sudor y el calor de la sangre, tu rostro escuchando las letras que había repasado pensando en ti.
Un día cualquiera en que te dejé seducir por una fiesta que nos ha visto de todos los colores y en todas las versiones que conocemos del estar juntos. Alguna vez fuimos extraños y jugamos a inventarnos el rostro pixelado y el resto del cuerpo por etapas.
Eres hermosa. Recuerdo cuando fui descubriendo tu belleza por capas y trazos, cuando viéndote a la distancia te contemplaba entre posible e imposible y me alistaba para besos de varios días y abrazos permanentes de semanas, de meses, de la vida para siempre y amén.
Vida mía, siempre vida mía. Eres mi razón para ser uno solo y la marca que he implantado en mi caminar, en mi huella. Eres los días que vienen, los que faltan, los que nos esperan.
En esa larga hilera te llevo de la mano y de vez en cuando volteamos para sonreírnos. Nada cambia de fondo para los otros, para ellos somos un leve sobresalto de la tierra. Solo tu puedes saber por qué mi amor te hace única y está en tus huellas, en tu cintura, en tus caminatas.
Llevamos ya tiempo caminando y te invito a detenerte y mostrarme lo que te ha dejado mi amor. Sé que algunas de las marcas son cicatrices y heridas que apenas sanan. Déjame utilizarlas para dibujarte una sonrisa, una flor, una niebla espesa, cualquier cosa que sepa al amor de los dos.
Podemos caminar o mirarnos, saber si los senderos son más difíciles o si apenas nos hacen falta las horas de mirar a las estrellas. A la mano están los otros, los desvíos, las piedras, las renuncias, los retornos. A la mano estoy yo y mi penumbra, este detenerme que también te ofrezco para buscarme.
