lunes, 25 de mayo de 2015

Sol

Espejos del sol - Felix Murillo

Manaba sed de la punta de mis dedos con mi pluma de ultraluz. Fue este el tiempo de silenciar el límite de las cosas y quedarse amilanado sin saltar al otro lado, silenciar las palabras que crean un vacío insalvable y que esbozan universos de papel rasgado, de ruido digital, de esferas que parpadean o se quedan oscuras.

Contemplaba la distancia de las letras como obstáculos insalvables; mi tinta se perdía dando vueltas en espiral en el sifón de lo cotidiano. Allí, cuando estaba perdido y me miraba escapando, me reencontré y decidí volver a los acuerdos, a esta segunda sílaba que hoy deseó volverse cuerpo.

Latía la luz detrás de las montañas y las sombras presentían el dolor abrasador de los primeros rayos. Corrían a esconderse los campamentos temporales, los árboles que yacían erguidos se levantaban a tocar el cielo.

Amanecía en mí, desde tu tiempo, la mirada impertubable que seduce las horas útiles y las quiere convertir en superficie abecedaria y simbólica; manaba sed de la punta de mis dedos con mi pluma de ultraluz.

Sublevados de la pereza, mis renglones delatan la quietud, el escapismo, la violenta fuerza que los mantenía amontonados en el atardecer y la medianoche. Que la luna le dé paso a los nuevos días de una poética asustada y mínima que te habla desde la timidez pero se atreve a susurrarte.


Ven, amor. El sol alcanza para los dos.