miércoles, 2 de noviembre de 2011

De bifurcaciones, desvíos y atajos


Somos una larga hilera de seres humanos desfilando por los confines del mundo, que son los mismos centros y núcleos, que son los extramuros y las avenidas principales. Somos puntos, pequeños pixeles y leves sobresaltos de la tierra.

Somos, por defecto, seres perdidos y sin particularidades evidentes.

Todo nace cuando nos detenemos, cuando encontramos cualquier cosa que pare estas largas caminatas que son los días. Ahí, somos únicos, cuando nos damos cuenta de nosotros mismos.

A veces también nos detenemos a volvernos otra vez irreconocibles y a borrar las marcas que han dejado las miradas, las manos, las pieles ajenas. La voz que nos ha hecho posibles y que de cuando en vez nos susurra.

Recuerdo una imagen pequeña en una pantalla de luz. Tu imagen en fotos y en videos, tus palabras dejándose mecer por las mías y las velocidades cósmicas del deseo que surgía en la distancia. Alguna vez, desnudos entre mis libros, quietos, conteniendo el sudor y el calor de la sangre, tu rostro escuchando las letras que había repasado pensando en ti.

Un día cualquiera en que te dejé seducir por una fiesta que nos ha visto de todos los colores y en todas las versiones que conocemos del estar juntos. Alguna vez fuimos extraños y jugamos a inventarnos el rostro pixelado y el resto del cuerpo por etapas.

Eres hermosa. Recuerdo cuando fui descubriendo tu belleza por capas y trazos, cuando viéndote a la distancia te contemplaba entre posible e imposible y me alistaba para besos de varios días y abrazos permanentes de semanas, de meses, de la vida para siempre y amén.

Vida mía, siempre vida mía. Eres mi razón para ser uno solo y la marca que he implantado en mi caminar, en mi huella. Eres los días que vienen, los que faltan, los que nos esperan.

En esa larga hilera te llevo de la mano y de vez en cuando volteamos para sonreírnos. Nada cambia de fondo para los otros, para ellos somos un leve sobresalto de la tierra. Solo tu puedes saber por qué mi amor te hace única y está en tus huellas, en tu cintura, en tus caminatas.

Llevamos ya tiempo caminando y te invito a detenerte y mostrarme lo que te ha dejado mi amor. Sé que algunas de las marcas son cicatrices y heridas que apenas sanan. Déjame utilizarlas para dibujarte una sonrisa, una flor, una niebla espesa, cualquier cosa que sepa al amor de los dos.

Podemos caminar o mirarnos, saber si los senderos son más difíciles o si apenas nos hacen falta las horas de mirar a las estrellas. A la mano están los otros, los desvíos, las piedras, las renuncias, los retornos. A la mano estoy yo y mi penumbra, este detenerme que también te ofrezco para buscarme.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Amor mío: El demonio se agita a mi alrededor sin cesar...

"Amor mío: El demonio se agita a mi alrededor sin cesar. ¿Podrá el cielo absorberme en la caída? Te hablo desde el otro lado del abismo que se abre en mi pecho, desde la brecha inalcanzable de mi alma y aquí todo es sombras mi vida y no quiero hacerte daño, corre con todas tus fuerzas si aún quieres salvarte, dame permiso para morir. 
Dador de infinito, estoy muerta en vida, llena el vacío de mi tórax con un soplo de tu alma, hazlo en un beso, bésame mucho, conecta mis venas a tu corazón para que mi sangre corra, caliéntame con tu piel, prométeme amor eterno, sálvame, sálvame ángel de mi guarda, te amo con toda la potencia de mi dolor y mi pasión y nunca te dejaré de amar, sería perder el alma y aunque vea ahora, la veo al otro lado, pero la veo... depronto se lance al abismo y me alcance y me posea..."

Valentina Moreno

miércoles, 31 de agosto de 2011

De Prosas apátridas

"Conocer el cuerpo de una mujer es una tarea tan lenta y tan encomiable como aprender una lengua muerta. Cada noche se añade una nueva comarca a nuestro placer y un nuevo signo a nuestro ya cuantioso vocabulario. Pero siempre quedarán misterios por desvelar. El cuerpo de una mujer, todo cuerpo humano, es por definición infinito. Uno empieza por tener acceso a la mano, ese apéndice utilitario, instrumental del cuerpo, siempre descubierto, siempre dispuesto a entregarse a no importa quién, que trafica con toda suerte de objetos y ha adquirido, a fuerza de sociabilidad, un carácter casi impersonal y anodino, como el del funcionario o portero del palacio humano. Pero es lo que primero se conoce: cada dedo se va individualizando, adquiere un nombre de familia, y luego cada uña, cada vena, cada arruga, cada imperceptible lunar. Además no es solo la mano la que conoce la mano: también los labios conocen la mano y entonces se añade un sabor, un olor, una consistencia, una temperatura, un grado de suavidad o de aspereza, una comestibilidad. Hay manos que se devoran como el ala de un pájaro; otras se atracan en la garganta como un eterno cadalso. ¿Y qué decir del brazo, del hombro, del seno, del muslo, de…? Apollinaire habla de las Siete Puertas del cuerpo de una mujer. Apreciación arbitraria. El cuerpo de una mujer no tiene puertas, como el mar".
Julio Ramón Ribeyro

viernes, 19 de agosto de 2011

Conjuro


Realmente nada es perenne. El dos algún día será un poco menos nombrado y caerá en una profunda depresión, como el 64'576.698, tan olvidado, tan triste.

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He encontrado un conjuro. Un conjuro que transforma. No tiene más que letras y signos de compañía y acentos y espacios blancos. Un conjuro en el que creo ahora que lo descubro y lo escribo en cascadas de absurda tiranía de la voz. De esta voz.

Lo de perenne, desligado. No. El tema es concentrarse en que nada es eterno. Somos parte de lo volátil y lo transformable. Como esto. Tu sonrisa al revés, vuelta descontento.

Este conjuro es una forma de eliminar la tristeza, de transformar tus días, de pensar en el tono ideal para referirse a tal párrafo, para sorprenderse, dejarse ir.

Solo necesitas palabras. Estas palabras. Exacto, tus manos en esa posición y tus ojos y ese sonido que ya llega. Ese. Lo has detectado. En este momento el rededor se confabula.

Había una vez un secreto que dicho parecía una canción. Había un silencio abultado en medio de la congestión de las carreras y las calles. Espera. Sigue.

El dolor se ha convertido en un módulo ajustable y sintonizo la forma de contemplarte. Un poco más a la derecha.

En este texto estamos juntos. En los que no lees aún. En este fragmento del día. Cuenta hasta cinco. Respira profundo y estira las piernas.

Hay un olor de mar y no es a sal ni a agua. Hay una brisa ligera que anuncia algo que aparentemente permanece. Tus lágrimas están en otra isla amor mío, llevadas por la marea, tan lejos como puedas imaginar. O tal vez un poco más allá.

Te he distraído de tus lágrimas, de tu dolor, te he arrebatado la tristeza mientras lees. Aquí estoy amor mío. Besando cada gemido, cada llanto. Acompañándolos hasta la última ola.

jueves, 19 de mayo de 2011

De día

Volvía un tiempo de esos en los que las cosas parecen infectarse la tristeza. Tragedias en contexto, lágrimas en lagos de otras lágrimas y heridas que se rozan con cortes y lesiones.


Volvía un tiempo de esos que te desgarran la voz y te desgastan la comprensión del mundo. No sé que somos a veces que logramos evadirnos tanto el ser humanos.

Volvía un tiempo de ahogos y de muertes, de derrumbes y engaños, de estafas y promesas vagas. Volátil como una espera que languidece, se erguía la figura del mundo.

Volvías tu, justo ahora, entre sueños, plácida y dejando nacer tu sonrisa de ojos grandes. Dejabas que desde el fondo de ti llegara una voz que me forzaba la saliva, me aceleraba los músculos y me recorría el dolor.

Me decías buenos días, me besabas, me dejabas olvidar que la vida se ensañaba en pervertirnos la fe.

Cualquier día pueden volver el miedo y el terror. Mientras abras los ojos a mi lado y derritas el filo de los tiempos. Mientras reinventemos la manera de mirarnos y el mundo - de paso - y sus enjambres.

jueves, 5 de mayo de 2011

Desprender



La mesa aun estaba puesta y ella recogía con premura los rastros del último cigarrillo para que nada denotara el paso del tiempo. También recogía los platos y los llevaba corriendo al horno, calentándolos un par de minutos, para que estuvieran tibios en tu paladar, cuando llegaras con tu mejor vestido y la sonrisa de ella,  prestada.

No hablábamos. Intercambiábamos balbuceos inútiles sobre la vida de los países que desaparecían en los remolinos de las multinacionales y lo ajeno, especulábamos sobre el clima, nos reíamos de la nueva religión de los medios… con los ojos fijos en la puerta, con la espera aposentada entre las cejas, desviando la mirada para disimular, arreglándonos el cuello, suspirando.

Alguna vez había soñado con que aparecerías en el momento justo del reloj y el calendario, cuando fuera prudente y pareciese que toda la casualidad del instante estuviera apoyada en un intrincado plan maquinado por un algo supraperfecto, que lo habría elegido hace mucho tiempo.

Pensaba que cualquier decisión sobre ti sería una suerte de mensaje divino que sintiéramos adecuado y posible. Que llegarías con las maletas listas y algunas monedas para tu necesidad de dulces y bebidas de Soda.

Ella limpiaba el borde de los platos en ese momento, me preguntaban sus ojos lagrimados si tendría tiempo de ir un par de minutos al baño, antes de que te presentaras aquí. Mi sonrisa a media asta le respondía que sí, que por supuesto, que el mundo siempre podría esperar por ella, porque era ella quien lo ponía a dar vueltas y quien le susurraba con su voz de cercanía las coordenadas del transcurrir.

Era ella tú culpable, tu hacedora.

Lo comprendí entonces y me di fuerza para entender que debía seguir luchando para esperarte, que no debía abandonar el frente de batalla y dejar de lado ese combate de los días, ese delinear las horas para que ella fuera feliz y estuviera dispuesta a recibirte, sin prisas y sin músculos tensos. Me daba cuenta de que no podía atarme a esa casualidad obtusa que ilumina el vaho de la puerta.

Entendí que tendría que levantar la mesa, y salir afuera de nuevo y hablarte como si estuvieras aquí para indicarte un espacio en el tiempo dónde te acunaras con una melodía que me demoraría en componer y en los brazos que me falta fortalecer.

Tendría que retirar el aviso del camino y cerrar las rejas de la puerta. Dejar que pasaras de largo y sonreírte mientras te vas entre la espesura de la arena, buscando una dirección que tal vez recuerdes, mientras te encuentras con nuevas búsquedas y con el retorno a este paraje de encrucijadas.

El resto de esa ruta servirá para que sepas qué te incomoda, y a qué se debe tu ansiedad. Intuirás que la esperas a ella, a sus ojos de luz, a su calor en media luna. Comprenderás que siempre, esperarla a ella valdrá la pena.

Ya vuelve.

No te preocupes. Ya retiré los platos y el cenicero. He abierto las ventanas y cerrado la puerta. La invitaré a caminar o a ver una película por cuarta o quinta vez. Dejaré que el ruido de su risa le de cuerda al mundo.

Sabrás volver a encontrarnos. Ya habré puesto de nuevo el aviso y recordarás con precisión la dirección. Encontrarás los alimentos tibios, la silla esperándote, la puerta abierta. Recordarás traer tu mejor vestido. Su sonrisa, que es la tuya, aliviará tu espera.

jueves, 28 de abril de 2011

POEMA 35



Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler,mi vida,
déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo,
de piedras verdes en la casa de la noche,déjate
caer y doler, mi vida.

Alejandra Pizarnik

martes, 19 de abril de 2011

...


Mi alma es una araña suspendida en el vacío por una liana de aguasal tejida desde el fondo de los ojos, desde esas profundidades me desmadejo hasta tu silencio de estrella, buscando tu amor, tu luz que huye de este puente oscuro que voy tejiendo hasta tu alma con el hilo de los ojos.
Te pierdo en lo que crees que soy, no puedo volar como tú, tengo ocho patas en lugar de alas y mis hilos de araña asquerosa te aprietan tus alitas en mi afán de amarte. Y quieres volar, tu vida no es este rincón oscuro donde tejo el infinito...

jueves, 24 de marzo de 2011

Sin título

Violando los términos de uso aparece aquí esta historia. Jugando a que una palabra que aún no se ha dicho (o que no se dijo, o que se olvidó o que no existe, o que no se quiere decir) es el insumo artificial de estos párrafos, escribo lo siguiente.

Tomamos prestados los gestos. Se ha hecho de noche en este última semana de un lapso no dicho que, para fines de la historia, termina hoy. El tiene los ojos muy abiertos, respira notablemente despacio y mira sus hombros con deseo mientras ella levanta una pesada caja y la pone encima de otra que ya había arrumado.

Se nota, a la distancia, que es una operación repetida por ella y por el. Ha pensado en qué decirle, imagina: sería bueno hablarle de Benedetti, de Girondo, de la Castellanos, que son infalibles; y hacer una que otra alusión a Proust y a Musil, que son tan misteriosos pero tan nombrados y tan siempre seductores por lo poco gastadas que suelen estar las páginas finales de sus libros.

Ella tararea. Un fado o un bolero, un aria o un un tango, absolutamente indiscernible en el lado equivocado del viento. Sin cerrar los ojos ve la montaña nevada al fondo, la chimenea, las sábanas desperdigadas, el olor de los cuerpos que han estado calientes. Saborea la manera en que ignora la sombra detrás de la cortina de la ducha y piensa ya en el capítulo que le queda del libro de conjuros, en la contundente escena de la película que veía ayer, en el color de la bufanda que quedó colgada en el maniquí de esa extraña vitrina a oscuras del almacén del otro lado de la calle.

Solo con efectos prácticos se recuerdan y se ubican. Ella le dice que le alcance la última caja, en donde el ya debería haber terminado de empacar los objetos de las dichas que a ella le son ajenas. El la observa de nuevo, reconociéndola y espera su desespero, sin afán. Entonces ella apropia un gesto de un tendero árabe en un callejón de Túnez, y le insiste. El sonríe la sonrisa de un fauno en un volumen rarísimo y único que reposa en una tienda de antigüedades en Túnez.

No sabe quién es pero le desnuda aún más el hombro y le deja un beso quieto derramado sobre la piel que se eriza. Ella, sin saber su nombre, gime y se inventa una palabra para el otro día, le propone un gesto y vuelve.

Tensan las ropas de la cama, cierran con seguro la puerta. Ella va retrasada a una reunión. El tiene que ir a comprar fresas.

martes, 1 de febrero de 2011

Círculo


Salí anoche a trazar el mapa con algo de espanto. Alcanzaba las paredes con la punta de los dedos, espesa, invisible, fría, amable, rugosa; demasiado indescriptible con el tacto para poder decir con seguridad que era de alguna forma o de algún color en específico.
He soñado después con árboles invisibles y espadas de agua. El sueño era un tanto complejo y casi sospecho que contenía un mensaje fundamental. Yo realmente quería soñar con una llanura tranquila donde cada objeto fuera reconocible y pasivo, en donde me sintiera en un lugar conocido. Quería entonces que esa atmósfera me fuera familiar y que anoche mi sueño hubiera sido ese.
Tengo frío, sospecho que tengo frío. Creo que anoche también tenía frío. Recuerdo ahora las historias leídas acerca de personajes que están en parajes parecidos a este desconocido que habito. Normalmente no saben si sueñan o si son imaginados o si realmente no existen. Ahora quisiera ser uno de ellos y descansar cuando los ojos se apartan de la página, no ser lo que soy ahora, lo que creo que me define de manera cierta y lapidariamente verídica.
Tengo tiempo, puedo pensar en tratar de dibujar el mapa de nuevo, ahora que todavía me acompaña algo de luz. Pero me parece ilógico e inútil cualquier propósito, emprender cualquier tarea. No se trata de fatalidad. Tal vez de pereza.
Pienso. Imagino un camino despejado que me invita a perderme. Al mismo tiempo, con los ojos muy abiertos veo una mujer que camina a lo lejos y que no me esfuerzo en alcanzar. Mis manos sudan. Por los dedos que rozan el suelo se me trepa una hormiga sigilosa que estripo inmediatamente contra mi torso.

No sé que es este instante. No sé que es realmente lo que ocurre. No sé, si tuviera que contarlo,  que es lo que veo, que es lo que me pasa. No sé si me define ahora aplastar a la hormiga, las piernas de la mujer o la tentación del camino. Insisto: no dudo que soy real y estoy aquí, ahora. No dudo de la realidad que me circunda. Pero no puedo pensar con exactitud que la define, o mejor, escoger que la define, si acaso es mi tarea.
He decidido no ponerle tanta atención a lo que ahora pienso. Recuerdo mejor. Exhalo. El otoño del 66, una época dorada en la que el mundo no había decidido sus flancos y la vida empezaba a convulsionarse en la revolución… La primavera de 1811, cuando no existía aún la napoleónica pieza de Tchaikovsky y no importaba el olor ni la piel tersa… Pasado mañana cuando me pregunten por el mapa y yo no tenga ninguna respuesta y vuelva a excusarme y les diga que no puedo ofrecerles café porque mañana habré olvidado ir a conseguirlo en la unidad de racionamiento…
Que refrescante. No he podido encontrar nada igual a andar por los caminillos que han trazado las pisadas de otro, sobre el pasto. Seguir la línea de la carretera me ha parecido siempre demasiado formal y siempre he considerado neurótico el hecho de doblar justo por la antinatural esquina cuadrada, bordeando el ángulo y jugando a la rectitud del trayecto.
No ha funcionado, no he logrado distraerme. Aceptaré este día tal y como pasa. Me vendrá bien algo de conformismo. Dejaré de escribir así. Giros radicales, eso hace falta. Digamos que es de noche en una ciudad sin nombre que no posee un mapa. Digamos que ese mapa no hace falta porque hace tiempo alguien lo ha decidido. Al otro día, alguien tiene que empezar a escribir una historia, pero pensemos en que se queda dormido. Y sueña, y no sonríe.

viernes, 28 de enero de 2011

Dos poemas de Dario Jaramillo Agudelo

Que nadie toque este amor.
Que todos ignoren el sigilo de nuestro cielo nocturno
y el secreto sea el aire dichoso de nuestros plácidos suspiros.
Que ningún extraño contamine el sueño tuyo y el mío:
cualquier visitante es un invasor en el tibio ámbito donde habitamos;
aquí el tiempo es agua fresca en movimiento, apenas sutil vuelo,
y todas las gentes viven muy lejos de nuestro jardín alucinado,
ajenos a nuestro paraíso secreto.

/...../

 
Todo tuyo siempre todavía.
Tuyo todo por siempre hasta hoy y luego,
tuyo siempre porque para ser lo necesito,
siempre todo tuyo,
siempre aunque siempre nunca sea,
todo íntegro tuyo siempre y hasta ahora
más el próximo nuevo instante cada vez.
Con todo el tiempo el mundo a nuestro alcance,
todo el tiempo del mundo que es igual a la próxima noche,
todo tuyo siempre todavía.
Seguro de sobrevivir mañana tuyo,
siempre tuyo desde hoy en cada mañana de mañana.
Enamorado de ti, siempre y ahora, sin recuerdos,
en presente siempre amándote,
eternamente tuyo,
todo tuyo siempre todavía.

Piedra de Sol - Octavio Paz


          La treizième revient...c'est encor la première;
et c'est toujours la seule-ou c'est le seul moment;
car es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?
es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant?

Gérard de Nerval (Arthémis)


Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra ue avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,

escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano? y todos los veranos?
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto ?siempre un cuarto?
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños ? "ya es muy tarde"
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,

en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo predilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombre de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas" (el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
?el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos?,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacados en la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuando somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida ?pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos?,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chofer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias . . .

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

México, 1957