miércoles, 24 de febrero de 2016

Ver


No hay pasos de más en un camino de sonrisas. No hay senderos que delineen con claridad la ruta, porque la búsqueda, azarosa, encuentra las líneas donde se encuentra (mientras desde afuera parece que se pierde).



La luz encandila en la cercanía, pero allí donde se vuelve sutil y coquetea con la sombra, se revela serena y clara: bordeamos el intersticio en puntas de pies, jugando a bailar con la silueta que parece perderse y que nos distrae del ritual.



Dejemos que el tiempo se desenvuelva tranquilo, con arrugas y accidentes, mientras nuestras manos descifran su textura sin sobresaltos; estemos juntos allí donde parece que se asoma lo inconmensurable, para que los ojos cerrados nos declaren en emergencia de nuevos sueños.



Allí, amor, donde todo parece perdido, está la penumbra, el miedo;



Allí, donde el puente cuelga sin barandas, también están, regocijándose, la incertidumbre, y el desfallecimiento;



Allí, amor, donde parece que hay una sola ruta, hay bordes y comisuras, que nos alientan a trazar nuevos caminos;



Allí, amor, están nuestros brazos, nuestras carnes, nuestros versos, que le darán forma a los nuevos puentes,



A puentes ondeantes y diversos, donde inscribiremos los vectores del camino que cruza la espera;



Puentes y senderos de piel y besos, de parpadeos, suspiros y abrazos;



No hay pasos de más en un camino de sonrisas.

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