Estamos juntos en un camino de nuevos colores.
Has construido mejores versiones de mí cada
día, poniéndome en cuestión con concepciones y prejuicios que venía arrastrando
desde hace tiempo. Me has seducido, confrontado, amado, comprendido, cuidado.
Has sido más, mucho más que una mujer que se agota en la entrega: el tiempo
juntos me ha servido para que puedas ser muchas cosas que resignifico: madre,
ingeniera, soñadora, luchadora, niña, bailarina, susurradora, potencia,
levedad, fluidez.
El tiempo nos ha hecho reconocernos en la noche y en el día,
en el transcurrir de las tardes buenas y malas, en las alegrías compartidas y
en los conflictos que nos obligan a sentir y consentir la textura de nuestras
palabras y nuestros reclamos.
La vida nos dio más vida que ahora recorre nuestros pasillos
con palabras tan claras como la sonrisa nueva que nos regaló con sus ojos.
Ella se instaló para mostrarnos la posibilidad del presente y la sorpresa
constante del nuevo día en su despertar: con sus brazos abiertos nos regaló la
fuerza de los sueños.
Seguimos juntos en el camino y todo sigue siendo simple: El
mundo se transforma cuando nos cogemos de la mano. En esa voluntad renovamos la
mirada de nosotros mismos y nos atrevemos a trazar nuevas rutas juntos, con la
certeza de siempre descubrir nuevos colores. Gracias siempre por tus manos.