jueves, 30 de diciembre de 2010

Tradición

Antes de las doce de la noche, deben tenerse preparados los siguientes elementos:

Tus manos (Mis manos)
Tu boca (Mis labios)
Mis brazos (Los tuyos)
Mi pecho
Mis ojos (Tus ojos)
Un puñado de palabras
Suficiente luz
Aire

A continuación se deben juntar mis manos con las tuyas y revolver bien hasta que espese la mezcla. Con esta base se juntan a fuego lento los brazos hasta que la distancia no permita que se escape la voz.

En otro lugar, toma la silueta de tu figura de mis ojos, retira la mía de los tuyos y déjalas bailando sobre mi pecho, hasta que se te humedezcan los labios y sonrías.

Mírame, entrégame ese puñado de palabras que contiene la exacta y necesaria proporción de mis suspiros y sóplalo cerca de mí. Déjame contener el aliento un par de segundos, quedarme callado mientras un año desaparece y lo guardamos en la gaveta de cuando ayer era pasado mañana.

Agrega besos al gusto, acaricia bien mi rostro y estira tus sueños hasta donde estoy. Retira el seguro y lánzate hacia donde nuestros años de más, nos esperan.

Oración para todos los días


Benignísimo Amor de infinita hondura, que tanto brota de sus hombros, que alimenta mi deseo en cada prenda que nos roza, retira mis miedos de las vírgenes entrañas de la entrega, dame su saliva para mi salud y remedio.
Yo, en nombre de las células que me componen y me inventan, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.
En retorno de él os ofrezco las palabras, los vacíos, y demás virtudes de vuestro suspiros humanados, suplicándoos por sus alcances, sus consecuencias, por las posibles incomodidades con que la abrazo, por las tercas lágrimas que derrama en los intersticios de la sonrisa; que dispongáis mi corazón con humildad profunda, con impermeables y hálitos, con total desprecio de todo lo terreno, para que este beso recurrente, recién nacido, tenga en sus labios la cuna y more eternamente.
Amén

viernes, 10 de diciembre de 2010

...

Tus lágrimas. Nada me duele tanto como tus lágrimas. Tus heridas que tienen la forma de mis manos, ahora beso, cuido, aliviano. Tus heridas se trazan en mí, son mías ahora, acariciándote te las arrebato, y ya son cicatriz imperfecta, fibra viva, expuesta, llena de latidos, de peso.

Tus ojos, hermosa, no fueron hechos para ese dolor. Tu boca, diseñada para sonreír, para retener mis besos, para suspiros, para palabras dulces, tendría que desconocer el sabor del 85% de agua, la glucosa, la albúmina, la globulina, la lisozima, el sodio y el potasio, juntos en esa bolsita barrigona que se te deja ir entre la boca.

Te amo de una manera única. Infinita. Puntual, decidida, extensa. Te quiero amar y amo amarte hasta el momento en que empiezo a amarte más. Soy más que repetidamente imperfecto, más que defectuoso.

Así, jamás me imaginé diciendo para siempre. Soñando para siempre. Pensando en estar junto a alguien más allá del siempre, en el no-empre, en el después, en el mientras, en los rastros de fuego del tiempo imposible.

Pero si, aquí estoy, parado frente a ti con mi amasijo de torpezas y mi archivo de dolores por desarmar. Tengo un plan extendido frente a ti, en el que detallo cada manera de amarte desde hoy hasta ayer y te envuelvo con el para arroparte del frío.

Vida mía, vida mía, vida mía. Nada en mí me pertenece, más allá del deseo de ti, las ganas de ti, la necesidad de ti.

Quiero reparar mis esquinas peligrosas, los baches en que mis gestos tropiezan, los accidentes que pueblan mis vías. Quiero allanar el terreno donde tu piel se desliza y recostarte tranquila en mis bordes irregulares, previamente protegidos con sudor del algodón.    

viernes, 3 de diciembre de 2010

Cumpleaños

No se puede llegar tarde a la cita. Que conveniente. Cada 365 días (aproximadamente) se tienen que aumentar el número de velitas en el ponqué, esforzar de más la voz para pronunciar la edad y cambiar el garabato en los papeles, los certificados, las solicitudes.
Desde hoy, cuando te pregunten cuántos años tienes, te equivocarás un par de veces. Será difícil acostumbrarse a que es uno más, encima de otro, y que durante un año la rutina se transforma.
Estoy a tu lado. Te puedo mirar de cerca y decirte feliz cumpleaños. Susurrarte, feliz cumpleaños. Escribirlo en un papelito que encontrarás. Desear que tengas un bonito día y hacer cosas para que eso suceda.
Es maravilloso. Es egoísta. Es egoísta lo que estoy a punto de decirte.
Hoy descubrí en mí una felicidad inadecuada.
Es decir, claro, te amo, me haces feliz, cumples años, recibes muestras de cariño durante todo el día, mensajes, llamadas, abrazos, besos. Hasta cierto punto está bien que esté feliz porque te quieren, porque muchos saben lo especial que eres y hoy te lo recuerdan. Y yo tengo un lugar especial.
Pero la alegría va más allá. Hoy estoy feliz por mí. No solo porque estoy contigo hoy y te puedo decir un millón de veces, feliz cumpleaños. No, no solo por eso. Hoy tengo que agradecerte. Me has ayudado a saber que hoy celebro el día más importante de mi vida. El día en que mi vida sin saberlo, desde antes de ser, sonrió.